Juguetes de tiempos de carestía: lo que jugábamos cuando no había de todo
Antes de Amazon, antes de las importaciones baratas y de los estantes repletos de juguetes importados, había un mundo donde cada juguete importado era un tesoro y los sueños de infancia se construían con imaginación más que con catálogo. Esa fue la realidad de millones de niños peruanos durante los años de mercado cerrado a las importaciones —desde finales de los 60 hasta los 90—, una época que hoy se recuerda con cariño y cierta sorpresa.
🎁 Juguetes que eran recompensas de un mundo limitado
En aquellos años, no existían Barbies de todos los estilos, figuras de Marvel por montones ni bloques de construcción importados a precios accesibles. Las familias se las ingeniaban para conseguir lo poco que había, y cada juguete se convertía en un recuerdo imborrable.
Algunos juegos sencillos como armar personajes de plástico o rompecabezas eran todo un universo para los niños, y con ellos se construían historias y ciudades que ocupaban horas de imaginación.
🚲 De la calle al barrio: juguetes hechos de experiencia
No todo lo que entretenía venía del estante. Un triciclo o un trompo podían convertir una vereda en un circuito interminable de aventuras; un perro de plástico que te regalaron al nacer podía ser compañero de mil juegos y travesías.
Esas experiencias muestran algo profundo: el valor de un juguete no está en su precio ni en su marca, sino en los recuerdos que genera.
🇵🇪 Basa: los juguetes que llenaron imaginación en épocas duras
Una marca que resuena fuerte en esa memoria es Basa. Esa fábrica peruana se convirtió en una de las principales proveedoras de juguetes para varias generaciones, con piezas que hasta hoy despiertan nostalgia: Peloncita, Chichobello, Bomboncita, Alicia que caminaba con mecanismo de ligas y los clásicos Playgo.
Incluso en tiempos donde las importaciones eran casi imposibles y los juguetes extranjeros costaban fortunas, estos juguetes “hechos en casa” se agotaban en las tiendas porque representaban la posibilidad de jugar, imaginar y construir.
🧠 Lo que nos enseñan esos juguetes
Hoy, cuando tenemos acceso a cualquier cosa por clic o tarjeta, es fácil olvidar lo que significaba esperar, anhelar y finalmente jugar con algo que pocas personas tenían. Los juguetes de tiempos de carestía no eran abundancia; eran afecto convertido en plástico, imaginación y tiempo compartido.
Y aunque el mercado cambió, esas piezas siguen vivas: en las memorias, en las historias que contamos a nuestros hijos y nietos… y también en lugares como La Vieja, donde descansan juguetes con historia, listos para ser parte de nuevas infancias.



